La sobreprotección infantil y que hacer con nuestros hijos

Los extremos de la sobreprotección infantil hoy hablaremos de este tema que a muchos nuevos padres o inclusive los que tiene experiencia les es un dolor de cabeza este tema:

Los niños son seres que dependen en muchos aspectos de sus padres, ya que tienen limitaciones, poca experiencia y son débiles. Requieren, por tanto, ser cuidados y protegidos por sus progenitores. Sin embargo, la nota puede ser exagerada de tal manera que se llegue a la sobreprotección infantil, en cuyo caso se caerá en uno de los nefastos extremos.

Todos los niños, sean pequeños o mayores, requieren el cuidado y la atención protectora y vigilante de sus padres y de otros adultos responsables. Los niños no pueden vivir sin la participación de los adultos y es lógico que la sociedad esté organizada para proporcionar la protección adecuada a los pequeños.

Sin embargo, la exageración en este aspecto es un obstáculo para que el hijo pueda desarrollarse adecuadamente y logre ser una persona libre e independiente.

Es difícil precisar el grado de protección que cada niño requiere; esto depende en gran medida del propio niño y de las circunstancias en las que se encuentre.

Cada circunstancia requiere del criterio de los padres para determinar aquello que debe hacerse y lo que debe evitarse.

La protección excesiva que los padres proporcionan a su hijo se debe en muchas ocasiones al temor natural de que a este pueda pasarle algo o de que sufra algún dañó o se lastime.

En consecuencia, se procura evitarle situaciones en las cuales se ponga en peligro o en las que pueda sufrir o incomodarse Puede ser que los padres hayan sido a su vez hijos sobre protegidos y, entonces, lo que hacen con sus propios niños es repetir el patrón que aprendieron de sus padres.

Lo consideran como algo natural. No admitirán estar cayendo en ningún tipo de exageración.
Otros padres, en cambio, fueron hijos a los que sus progenitores descuidaron, lo cual les causó temor, sufrimiento y ansiedad. En estas situaciones, se procura no repetir el patrón aprendido, sino actuar de manera completamente opuesta. Se trata de evitarle al hijo cualquier dificultad y sufrimiento. Eso nunca se logra, pero “al fin y al cabo” se intenta.

EL PRIMER HIJO Y LOS SUBSIGUIENTES

El primer hijo es generalmente el asiento de esta sobre protección. Es para los padres un ser desconocido,
aparentemente muy frágil, indefenso. Pero no hay tal: el niño cuenta con recursos para sortear la mayor parte
de las dificultades a las que la vida lo va a enfrentar.

Claro está, requerirá la protección y guía de sus padres.

El primogénito es un desafío a la inventiva, comprensión e inteligencia de los padres. Cada día puede presentar nuevas situaciones que, para los nuevos progenitores, equivalen a posibles situaciones de riesgo, ya que estos no conocen bien a su hijo. Es solamente conforme avanza el tiempo, como empiezan a identificar el llanto, los ruidos que el niño hace, la normalidad o no de las evacuaciones y la orina y muchas otras cosas de la vida cotidiana de un pequeño.

No es fácil ser padres. No es algo instintivo en el ser humano. Se requiere aprender a serlo. ¿Qué hacer cuando?
llora? ¿Cuándo no quiere comer? ¿Qué conducta tomar si no puede dormir o si grita con desesperación? ¿Qué necesita? ¿Le dolerá su estomaguito? ¿Estará enfermo? … Son algunas de las decenas de preguntas que los padres se hacen para con su hijo.

Es tarea entonces de los mismos el aprender a interpretar las señales del hijo: lo que significa cada tipo de llanto, de pujido o de queja. La madre aprende a hacerlo con cierta rapidez. Ella sabe cuándo el llanto es de hambre, de frío o de soledad. Identifica rápidamente si su hijo está cansado, tiene sueño, tiene hambre o dolor.

Desde las primeras horas de vida, se da entre la madre y su hijo una corriente de comunicación muy estrecha e importante para el desarrollo del niño.

Este aprende a confiar en su madre aunque no la distinga.
Esta relación forma la base del modelo que el niño aprende, de lo que es el mundo exterior. Es la confianza básica que le va a permitir crecer y desarrollarse.

La sobreprotección infantil que comúnmente se otorga al primer hijo ya no se observa con el segundo. Cuando menos, ya no en ese grado inicial. Con el primer hijo se logra adquirir la experiencia necesaria para atender a un niño.

La madre y también el padre, aunque de modo secundario aprende a conocer muchos aspectos de la vida de los niños. Esto permite que la atención sea entonces más relajada; hay menos tensión y preocupación.

Debe tratársele como cualquier otro niño. Él tiene derecho a ello. No debe agregarse invalidez emocional.
El ser mujer puede significar ser protegida excesivamente. La mujer es considerada por muchos padres como un ser débil y frágil que debe ser protegido de todos los peligros del mundo.

Cuando es hija única o cuando es la más pequeña de varios hermanos, la situación puede ser patética, ya que se le trata como a una muñeca de porcelana a quien no se permite siquiera que “le dé el aire” y esta es parte de la sobreprotección infantil.

Existen muchos otros ejemplos de esta forma de educación de los padres para con sus hijos. La mayor parte de las ocasiones, esta forma de ser es propia del padre o de la madre y no consecuencia de la situación real en la que el niño se encuentra.

Hay padres muy nerviosos, temerosos de todo, aprehensivos consigo mismos y que consideran normales todos los cuidados que prestan a sus hijos, aunque en realidad la atención sea exagerada, es cuando hablamos que tienen sobreprotección infantil.

EL NIÑO ENCERRADO
Una forma de sujetar al niño a la protección exagerada es mantenerlo dentro de la casa aun cuando sea mayor y pueda visitar a sus amiguitos o jugar en el parque más cercano y ahorita lo vemos muy comúnmente con dejarles o prestarles tu teléfono y que con eso se distraigan o que “jueguen” y es muy malo.

La casa es considerada como el refugio seguro contra los riesgos del mundo exterior.

No hay nada más apartado de la realidad. En la casa es donde ocurren la mayoría de los accidentes y  envenenamientos de los niños.

La cocina y el baño son sitios más peligrosos por todos los elementos que contienen, que pueden cortar, quemar, triturar, raspar y es por ello que se deben exagerar, aquí sí, las medias de protección.

Los medicamentos deben estar fuera de alcance de los niños, las sustancias tóxicas o peligrosas deben estar bajo llave, los contactos eléctricos protegidos, los ventanales hacia el exterior, protegidos también. No hay, en este caso, medida que deba pasarse por alto.

El niño necesita disponer de un campo cada vez mayor de acción. La casa es su primera fuente de experiencias, pero no es suficiente. Requiere conocer su vecindario, el zoológico, las casas de sus amiguitos, la ciudad y el campo.

Cada nueva experiencia enriquece su vida; le permite conocer y comparar. Permite también que él se vaya conociendo.

Los demás niños y los juegos son indispensables para su bienestar y crecimiento; son la forma de conocer a
otras personas y al mundo en el que le ha tocado vivir.

Al jugar aprende a convivir con los demás, a afirmar su situación como un niño, a respetar a otros. También
aprende nuevas habilidades y con ello afianza la seguridad propia que paulatinamente va logrando.
En ocasiones, los padres no permiten que sus hijos jueguen con otros niños, ya que temen que puedan salir
lastimados y es probable que así suceda; pero estos son generalmente pequeños incidentes sin repercusión seria.

Los niños luchan entre sí, combaten a monstruos imaginarios, se convierten-en su fantasía-en toreros,
soldado, aviadores, etc.

Trepan a los árboles, juegan con triciclos o bicicletas, corren, brincan, se arrojan agua.
En fin, una multitud de actividades en las cuales ciertamente pueden sufrir algún percance o incomodidad.
Cada nueva conducta que el niño conoce y practica significa un riesgo. La vida misma es un desafío para todos, para los niños y para los adultos. No se puede ni debe evitar.

Por supuesto que el riesgo que se tome debe ser calculado. No hay que arriesgar demasiado o en forma imprudente.

Aprender a deslizarse en patines de ruedas o el dominar el uso de la bicicleta implica seguramente más de un “porrazo”. Ya el hecho mismo de nacer significa haber vencido la primera barrera.

Al sobre proteger al niño se limita su posibilidad para adquirir experiencias que le van a servir para lograr cada vez mayor seguridad en sí mismo e ir venciendo obstáculo tras obstáculo.

La sobre protección daña al niño en lugar de ayudarlo. Se le resta libertad, se le priva de la posibilidad de aprender muchas cosas, que posiblemente después tendrá que conocer, pero en situaciones más dolorosas.

En ocasiones los padres no se percatan de que su hijo ha crecido, que ya no es un bebé ni un niño pequeño. Quieren seguir tratándolo como acostumbran con aquel infante, indefenso y débil.

El tiempo pasa muy rápidamente con los niños. En pocas semanas o meses cambiarán mucho. Cuesta trabajo creerlo, pero así es.

Los niños adquieren muchas habilidades en poco tiempo y están sedientos de más su deseo de exploración no
se agota, se esfuerzan por conocer otros lugares, otras personas y otros juegos. Los padres se azoran ante eso;
no se adaptan con facilidad a los cambios bruscos de su hijo.

Se asombran de todo lo que puede realizar y eso les causa satisfacción y a la vez preocupación porque perciben que su tesoro ha crecido, lo cual puede significar mayores riesgos, en siguientes artículos seguiremos hablando más de este tema la sobreprotección infantil saludos su amiga Ana Vegana.

 

 

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