La Epilepsia, una enfermedad entre el prejuicio y la indiferencia

Del griego epilambaneim, que significa “ser sobrecogido bruscamente”, la epilepsia es una afección crónica caracterizada por crisis recurrentes, debidas a descargas eléctricas excesivas de las neuronas cerebrales.

Al respecto, existen numerosos mitos y supersticiones alrededor de este desorden, generalmente sin fundamentos, por lo que provocan miedo, sobre todo en niños con este padecimiento.

El cerebro humano opera por una serie de conexiones entre las células individuales llamadas neuronas, las cuales se comunican entre sí a través de actividad eléctrica microscópica. Esta energía eléctrica de manera anormal produce señales desorganizadas que alteran la comunicación entre las neuronas.

La causa de estas señales cruzadas es un misterio. Algunas veces, las convulsiones tienen una causa identificable: un golpe en la cabeza, una alteración metabólica (como hipoglucemia), intoxicación con medicamentos, tumor cerebral, envenenamiento, problemas con el desarrollo del cerebro durante el embarazo, infecciones del sistema nervioso como meningitis o encefalitis.

Tipos de convulsiones

Las convulsiones pueden tomar muchas formas. La más sencilla es cuando la persona simplemente se queda viendo fijamente por algunos segundos sin saber qué es lo que ocurre a su alrededor. Aunque estos episodios sólo duren unos momentos, pueden ocurrir cientos de veces al día. Estas convulsiones pequeñas pasan muy seguido y las personas de alrededor no necesariamente notan el episodio. Frecuentemente, los amigos, familiares o maestros piensan que la persona está soñando despierto.

Un tipo de convulsión intermedia es la convulsión parcial, también llamada epilepsia del lobo temporal. Los síntomas dependen de qué parte del cerebro se encuentra involucrada. Durante el ataque, la persona tiene una serie de movimientos de los cuales no tiene control.

El episodio típico comienza con una sensación extraña: náusea, enrojecimiento, olor anormal o una sensación rara en el estómago. La persona ve fijamente y luego parece estar en un trance. Puede acompañarse de movimientos de masticación, movimientos de brazos o simples cambios en la personalidad. Este tipo de convulsión dura solamente un minuto o dos, pero despertar completamente puede no ocurrir por unos momentos. Generalmente, la persona no recuerda lo qué pasó o lo que se hizo durante el episodio.

La forma más dramática, la convulsión “grand mal” ocurre cuando todo el cerebro se llena de energía eléctrica anormal. Algunas veces, la persona experimenta una “aura” o aviso antes de que comience la convulsión. El cuerpo de la persona se endurece y pierde la conciencia seguido de contracciones musculares generalizadas. La saliva puede caer de su boca y perder el control de la orina durante el episodio. La convulsión cesa después de un minuto o dos. Al término, la persona despierta lentamente sin ninguna memoria del episodio, generalmente con dolor de cabeza y con sueño.

Tratamiento

Una sola convulsión no es epilepsia. Los amigos o familiares del paciente deben buscar atención médica después de la primera convulsión. La historia de la persona que vio el episodio es importante para definir el tipo de convulsión. Pruebas especializadas de sangre pueden detectar la causa y, si se sospecha de una infección, se debe examinar el líquido cerebroespinal. Otra evaluación importante es el EEG o electroencefalograma, una prueba indolora que registra la actividad eléctrica del cerebro.

La epilepsia rara vez causa la muerte. En la mayoría de los casos fatales, el resultado ocurre en sucesión rápida con una recuperación incompleta entre los episodios. Afortunadamente, esto es poco común. Sin embargo, el status epileptics es una emergencia médica.

La epilepsia puede ser tratada con drogas, cirugía o dietas especiales. Con los tratamientos de hoy en día, el 80 a 85 por ciento de los niños con epilepsia se encuentran libres de medicación si se toman regularmente. El niño puede dejar de tomar medicamentos según indicación del médico y después de estar libre de convulsiones por años.

A continuación te presentamos algunos tips o consejos para ayudar a la persona o niño con epilepsia que presenta un episodio convulsivo:

  • Permanece calmado. Una sola convulsión no es una emergencia médica a pesar de que te provoque miedo o temor
  • Aleja todos los objetos alrededor de la persona o el niño que sean duros o con filo.
  • No muevas a la persona a menos que exista peligro
  • Coloca una almohada debajo de la cabeza de la persona convulsionando, si no tienes a la mano una almohada coloca un cojín, o una chaqueta o suéter doblado.
  • Voltea a la persona hacia un lado para que respire mejor.
  • Nunca fuerces la boca abierta con ningún objeto o tus dedos. No es verdad que una persona se puede tragar su lengua.
  • No trates de sujetar a la persona o parar sus movimientos.
  • Permanece con la persona o niño hasta que vuelva en sí naturalmente.
  • Trata de calmar a la persona cuando recobre su conciencia. No le des nada de tomar o comer.
  • Si la convulsión dura más de 10 minutos, llama a una ambulancia o lleva a la persona a un servicio de urgencias.

Situación actual de la epilepsia en México

La epilepsia es uno de los problemas neurológicos de mayor prevalencia en México. Además de caracterizarse por cambios conductuales y de la conciencia, así como movimientos anormales, se acompaña de estigmas que llevan al paciente a ser segregado por la sociedad y por sí mismo. Alrededor de un millón de mexicanos padecen algún tipo de epilepsia, pero sólo se cuenta en el país con 460 neurólogos certificados para atender ese padecimiento, revelan datos del Instituto Nacional de Neurología “Manuel Velasco Suárez”.

Esa enfermedad crónica, que afecta a casi uno por ciento de la población, es motivo de rechazo social para quien la padece, pues en general la gente ignora su origen y el hecho de que puede ser curable.

La mayor parte de la población piensa que la convulsión es la epilepsia, pero esa es sólo una de sus formas. El 40 por ciento de los ataques epilépticos son convulsivos aparatosos. Existen muchas otras expresiones de las descargas eléctricas en el cerebro. Estudios estadísticos y de prevalencia realizados por la Secretaría de Salud arrojan el siguiente resultado: 76 por ciento de los casos de epilepsia en México se originan en la infancia y la adolescencia; 20 por ciento del total de las enfermedades del sistema nervioso son atribuibles a la epilepsia, y sólo existe un 0.04 por ciento de riesgo de muerte entre las personas que la padecen.

En los resultados del Programa Prioritario de Epilepsia se indica que el padecimiento es controlable, e incluso que existe un 70 por ciento de posibilidades de cura cuando la enfermedad es detectada a tiempo y se cumple con los programas de control y rehabilitación indicados.

Para algunos investigadores, la epilepsia significa ‘un terror’ para la mayoría de los mexicanos, que al enfrentarse a un ataque epiléptico –el cual dura entre 20 y 30 segundos– creen que la única forma de controlarlo es introduciendo un lápiz o una pluma en la boca del enfermo, y eso no es lo indicado; en los más de los casos se lastima la boca del paciente y sólo se le daña.

Los trastornos más frecuentes son las crisis parciales, que se originan en el lóbulo temporal del cerebro y se detectan cuando el enfermo chupetea de manera inconsciente, cuando la vista se fija por más de diez segundos, o cuando se presenta la sensación de lo ya visto, de lo que aparentemente ya se vivió; es decir, lo que los franceses llaman el déja-vu.

En México la epilepsia es un problema de tipo social; se estigmatiza cuando se califica a las personas: es epiléptico. Uno de esos casos se observa en las escuelas, sobre todo en las de preescolar. Por reglamentos obsoletos, en las guarderías públicas y privadas se estigmatiza a los niños que sufren alguna convulsión, que no necesariamente es epilepsia; incluso puede ser por malos hábitos alimenticios.

Como un padecimiento crónico, la epilepsia es curable, destacan las instituciones de salud pública; sin embargo, el principal problema para enfrentarla es la falta de conocimiento que sobre ella hay entre los mexicanos, que se sepa que es un padecimiento controlable.

De acuerdo con estudios epidemiológicos realizados en áreas rurales, urbanas y suburbanas, la cifra sobre este padecimiento alcanza una prevalencia de 10 a 20 enfermos por cada mil habitantes. Es decir, que en México hay, por lo menos, un millón de personas con alguna forma de epilepsia. Existen cálculos que señalan que, del total de esos enfermos de epilepsia, 35 por ciento no recibe tratamiento para el control de las crisis, porque no han sido diagnosticados; 30 por ciento está en tratamiento inadecuado (subdosificados o con esquemas de poloterapia indebidos), y sólo el restante 35 recibe la atención apropiada.

Además, la epilepsia, como todas las enfermedades crónicas, repercute en la familia. Cada paciente tiene a su alrededor entre 10 y 15 personas a las que afecta en el ámbito psicoemocional. En la mayoría de las ocasiones surgen actitudes de sobreprotección o de rechazo.

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